
Es increíble como pueden conectar dos personas sin conocerse previamente. Procedentes de dos mundos totalmente distintos, sin nada en común en apariencia y deseando y compartiendo lo mismo.
El lugar, era el sitio propicio. La compañía, inmejorable y el Labrusco hizo el resto más lo que surgió de cada uno. Fueron unos momentos únicos, totalmente enriquecedor para mi. El tiempo se detuvo y esos instantes se quedaron para siempre en mi memoria.
Le fui sorprendiendo poco a poco y al final me conoció como nadie me ha sabido conocer. Fue breve pero intenso, fue dulce al principio y amarga la despedida.
